Leíste un excelente libro: lo conservaste como un trofeo, lo platicaste con tus amigos en las reuniones ocasionales, sentiste que habías encontrado una pieza de tu rompecabezas personal llamado vida, lo acomodaste en tu librero favorito, encontraste otros libros más por alguna cita bibliográfica o, finalmente, pensaste en prestárselo a alguien y darlo por perdido porque sabías que no te lo iban a regresar.

“Dicen que somos la suma de los libros que hemos leído y de todo lo que hemos amado.”

De repente pasa el tiempo y también la rutina, el trabajo, los deberes, el tráfico, etc. De todo lo maravilloso que descubriste en ese libro tan sólo conservas un leve recuerdo y ya casi olvidas las principales frases. Sabes que cuando quieras repasar algo podrás tomarlo de nuevo y leerlo una vez más: y volver a platicarlo con tus amigos y encontrar una pieza de tu rompecabezas y pensar en prestarlo… pero también sabes que no siempre es posible hacerlo.

Es así como surge le-yen-do. Como una dinámica para inmortalizar las principales ideas y comentarios de cada libro con el que me encuentro, como un espacio al cual poder recurrir a rescatar conocimiento y como un pretexto solidario para que continuemos leyendo.