Leíste un excelente libro. Lo platicaste con tus amigos en las reuniones ocasionales, sentiste que habías encontrado una pieza de tu rompecabezas personal llamado vida, lo compraste físicamente para oler sus páginas, encontraste otros libros más por alguna cita bibliográfica y, finalmente ahora, lo conservas como un trofeo, una señal y un recuerdo. ¡La historia de mi vida!

“Somos los libros que hemos leído, los sueños que hemos soñado y las personas que hemos amado.”

De repente pasa el tiempo, la rutina, el trabajo, los deberes, el tráfico, los reportes trimestrales. De todo lo maravilloso que descubriste solo conservas un leve recuerdo del tema del libro y de qué trata. Sabes que cuando quieras recordar algo podrás tomarlo de nuevo y leerlo; pero también sabes que no siempre tienes tiempo para volver a releerlo. O quizá lo tienes pero te da mucha hueva hacerlo una vez más. O quizá

Así surge le-yen-do. ¿Sencillo no?